Los grandes escotes de Jennifer Lopez, la pierna al descubierto en plan Angelina Jolie o ese otro modelo semitransparente con el que hace años se presentó Cher en los Oscar parecen cosa del pasado. El clima actual que se vive en Hollywood, sacudido cada día con un nuevo escándalo sexual entre sus estrellas, empieza a dejar huella en sus alfombras rojas. Este año la consigna parece ser cuanto menos sexy, mejor. Algo que se suma al hartazgo de muchas de las intérpretes que desde hace un par de años reclaman en las alfombras rojas dejar de ser vistas como percheros u objetos sexuales y se han sumado al movimiento Ask Her More, que reclama que se les pregunte por algo más que por el diseño elegido para la ocasión o por su vida personal.

Es la sensación que dio Jessica Chastain cuando se presentó en la gala de los Gobernadores para hacer campaña por su último trabajo en Molly’s Game,vestida con un modelo rojo de Alexander McQueen de manga larga y falda hasta el suelo que recordaba a la serie El cuento de la criada. O la túnica blanca también hasta el suelo en blanco angelical de Michael Kors que lució recientemente Viola Davis en los premios American Music. “Todas queremos vernos bien, pero eso no significa que queramos follar”, dijo Cate Blanchett a las claras cuando pisó recientemente la alfombra roja de los premios InStyle.

Se trata de una consigna que tendrán en cuenta los diseñadores que, como Ermenegildo Zegna, empiezan a presentar sus colecciones con el deseo de engatusar a una nueva promoción de nominados y nominadas para que luzcan sus modelos en esta temporada de premios. “Hemos empezado a notarlo en las primeras pruebas. Nadie quiere parecer muy atrevida”, ha indicado a la prensa la estilista Elizabeth Stewart, que acostumbra a trabajar con estrellas de la talla de Blanchett, Chastain y Davis entre otras posibles candidatas.

Ahora lo llaman el efecto Harvey, la consecuencia de los escándalos sexuales que empezaron a salir a la luz tras conocerse las abusivas costumbres de uno de los hombres más poderosos del Hollywood moderno. Un tiempo en el que en opinión de la también estilista Zerina Akers —que trabaja con estrellas como Beyoncé— se busca una imagen más “cerebral”.

Es una forma de decir en la alfombra lo que otros quizá dirán al micrófono si consiguen el premio. “Lo que me sorprendería es que nadie dijera nada”, aventuró Tom Hanks a este diario seguro de que el escenario de los Oscar será un manifiesto en contra del comportamiento abusivo, sexual, racial o laboral, que se ha tolerado en Hollywood y en muchas otras industrias.

Las hay que quieren mandar ese mensaje de empoderamiento sin tan siquiera decir palabra, simplemente dejando que se lea en lo que visten. Esa es la razón por la que Tracee Ellis Ross, la hija de Diana Ross, ha hecho de Prabal Gurung su diseñador favorito. La actriz podría volver a repetir su candidatura a los Globos de Oro por la serie Black-ish. Y a nadie le sorprenderá verla con un modelo de Gurung, alguien que ha hecho famosas en la pasarela neoyorquina sus camisetas con eslóganes como “Así luce un feminista” para hombre y “Nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestro poder” para mujer. Como asegura el diseñador, las mujeres deben de vestir como deseen, ya sea de la forma más atrevida o con modelos recatados. “Mi trabajo es el de ofrecer toda esa paleta de oportunidades. Que el modelo sea o no sexy no depende de quien lo viste. El problema está en quién lo mira”, añadió. “Yo no sé si los escándalos sexuales serán el centro de los Oscar pero estoy seguro de que las mujeres han encontrado su voz”, vaticinó a EL PAÍS Steven Spielberg

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